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Hablar del teatro infantil para mí, es hablar de magia, duende, fantasía, es
plantearse como primordial tarea incentivar la lectura y la creatividad en
el niño, es mostrar de una manera más fresca los clásicos y actuales
literarios; ya que para mí el teatro infantil es una suerte de mascarada en
la que se mezclan el bien, el mal, la bondad, y la crueldad y por medio de
la imaginación se llega a la moraleja. En los montajes infantiles debería
combinarse los lectores: niños adultos, público en general(el ser humano)
con los actores: máscaras, títeres (lo fantástico), con el fin de establecer
la variedad y mover la inmaginación del público infantil.
Para nosotros los adultos, (como ya he dicho en anteriores oportunidades) lo
fantástico nos hace regresar a nuestra infancia, por eso al dirigirse a los
niños la intención debería tener como premisa ,compartir sus sueños y
entender sus inquietudes. Un juego de participación que los lleve a
establecer un puente con los actores, la máscara, en fin lo fantástico,
porque esta máscara (lo fantástico) es la actitud, el sentimiento desnudo.
Con esto lo que se pretende es fomentar en el niño el espíritu critico que
le permita asirse de sus propias ideas y conocimientos, abrir un puente
entre él y su conciencia, creando así un nuevo ser con mejor rendimiento,
fomentando la sana discusión entre padres e hijos. Bajo estas premisas
entiendo el Teatro infantil.
Esta pequeña introducción sirve de marco para hablarles del espectáculo
Teatral musical Infantil, Cleopatra y el
Niño Faraón el cual me cautivó sobre manera por la rica gama de
variantes que presenta, no sólo cumple con mis premisas sobre el teatro
infantil sino que de una manera muy aceptable le pone al niño sobre el
tapete un personaje histórico (dificil por la sordidez de su historia), rico
en matices, llevándolo así a un viaje por la cultura Milenaria de este gran
Egipto, tierra de piramides y faraones. Cleopatra, la ultima Reina de
Egipto, sirve de excusa para enriquecer al niño con la majestuosidad de esta
cultura milenaria, introduciéndolo en una trama fantástica con todos los
ingredientes para un sano entretenimiento.
Este extraordinario montaje llevado a escena por el Grupo de Teatro Colibri
en el marco de sus 15 años es una historia de
fantasía inspirada en la vida de la última faraona del antiguo Egipto –sin
ser una biografía- y está enmarcada en el enigmático y viejo mundo de los
Antiguos Faraones, con la opulencia y el resplandor de la época y los
secretos de una tierra bendecida por el misticismo de los Dioses.
La historia comienza cuando un
niño, Josue, decide hacer un viaje a Alejandría en búsqueda de su madre
quien trabaja en el palacio de la Reina Cleopatra. Josue busca a su madre
para que regrese con él ya que no van a pasar más trabajo porque su abuelo
al morir les dejo de herencia lo mínimo para vivir bien, por lo cual ya no
deben estar separados. En el viaje Josue es conducido sin saberlo (ya que
cree que es su amigo) por un espectro del antiguo Faraón Tutankamón, al que
él llama Nómaknatut, éste le entrega un escarabajo de oro en forma de
amuleto para que le conceda todos los deseos que el pida de corazón, el cual
sirve de hilo conductor y desata el climax en la historia.
Como contraparte está La Reina Cleopatra, faraona de oro y plata que en su
afan de conquistarlo todo y tener poder busca el elixir de la eterna
juventud, para así mantenerse bella y hermosa para siempre (cuántos no lo
quisieran). Con estos dos personajes opuestos se arma una trama llena de
colorido, humor, magia, fastuosidad que hará las delicias de grandes y
chicos.
No les pienso revelar más porque la intención es que la vean. Sin duda no
los defraudará esta divertida historia con unas canciones hermosísimas, una
música acorde a los requerimientos realizada por Jesús Sanchez con unas
coreografias de lujo montadas por la versátil Ana Castellucci, una
escenografia fastuosa y unos vestuarios impresionantes lleno de gran
colorido, que respetan la concepción egipcia de la época, realizados por la
siempre elocuente y acertada Silvia Inés Vallejo dándole el realce que la
pieza requiere, una acertada dirección de José Manuel Ascensao quien con una
puesta ambiciosa llena de ritmo, color, le da personalidad a la propuesta
que sigue en línea con sus trabajos anteriores, superándose y
enriqueciéndose a mi modo de ver, algo que es lo que define a un grupo y a
un buen director.
La dramaturgía de la pieza pertenece a Victor Hugo Gomes quien lleva a todos
de la mano en este viaje de ensueño que recrea la imaginación: cabe destacar
la sutileza y el profesionalismo del texto, sin tontos clichés y muletillas,
respetando al niño al darle un papel protagónico, invitándolo a discernir y
a enriquecerse de valores estéticos, sin pretender en ningun caso moralizar
sino entretener, en hora buena por este joven dramaturgo.
Lo mejor del espectáculo son
los niños porque el Grupo Colibrí es un grupo de niños actores, y lo hacen
con mucha mística y profesionalismo, sin dejar la inosencia que los define
imprimiendole un toque especial, acompañados de un cuadro de actores con
mucho peso escenico, donde destacan Ámbar Diaz y Veronica Arellanos como
Cleopatra y Rafael Marrero y Jose Manuel Ascensao como Marco Antonio. Una
mención especial al niño Pablo quien es uno de los niños Faraones, este es
una joven promesa de la actuación que dará mucho de que hablar, sin duda se
roba el show. |